Top 14. El fenómeno Baiona no para de crecer.

24 de Marzo de 2008

diariovasco.com

 

BAIONA.DV. «Fiers de nos couleurs». Ese es el eslogan que figura en los programas de mano que se reparten gratuitamente antes de los partidos que el Aviron Bayonnais Rugby del Top 14, la máxima división del rugby francés, juega en su estadio.
Hay un lauburu en gris, que en realidad son tres. Está escrito en francés y en euskera. Aporta datos de los equipos, del club. En el campo, 14.000 personas configuran una comunión envidiable entre un equipo y su afición, con una identidad entre el azul y el blanco que llega a las raíces de una tierra que respira aires euskaldunes por todos los costados.

 

El fenómeno del rugby en Baiona no para, no se detiene. Un partido en Baiona empieza media hora antes de lo previsto para el comienzo y pueder terminar una hora después de que el árbitro haya pitado el final. O dos, o tres.
«En junio de 2002 se hizo un buen proyecto, con Francis Salagïty como presidente. Le llamó el alcalde Baiona. Salagïty habló con unas treinta personas de la región y allí comenzó lo que usted está viendo ahora». Michel Parneix es el director general del Aviron Bayonnais, del equipo de rugby profesional, del segundo club de Francia en cuanto a secciones deportivas, dieciocho. Richard Cacioppo es el jefe de prensa. Llegó de Lyon. Parneix, un hombre joven, vino desde Pau. Le llamó el actual presidente.
«Baiona fue la segunda sociedad anónima que se creó en Francia. ¿La primera? La de Pau. Yo estuve allí. Me llamó Salagïty. Pero no vine solo. También lo hicieron un director de marketing, dos jugadores, un entrenador...», nos explica. Baiona crea un atmósfera única en el estadio Jean Dauger. Con cantantes en euskera en todos los encuentros, con una afición entregada, fiel, que empuja mucho al equipo.

 

Parneix trabajó en Pau en 1995 y 1996. Estuvo en los inicios del rugby profesional. «Lo primero que se miró entonces fue la viabilidad del rugby profesional en Baiona. Se decidió ir subiendo poco a poco, siempre con el apoyo del ayuntamiento, sabiendo lo que se quería».

 

Se fijaron en Perpignan, «un club con una identidad propia, fuerte. Estamos en Iparralde, la gente cree en la cultura vasca, en los valores de un pueblo. Buscamos hacer un club digno de esos valores. Trabajamos esa imagen. La gente amaba el Aviron Bayonnais, pero nadie unía eso. Nosotros lo hicimos».

 

Todo lo que se ha hecho ha tenido una lógica. Lo primero, la mascota, Pottoka, «un potro, un animal que se cría, que vive en las montañas vascas, duro, independiente, es un animal emblema. Es nuestra mascota, a la que los aficionados jalean durante los encuentros. Es quien calienta el ambiente en muchos momentos. Parece una anécdota, pero tiene su importancia. Los colores, el azul y el blanco, son colores vascos, es uno de nuestros símbolos, todo el mundo los conoce», nos dice Parneix, que desgrana las cosas con pasión, pero con tranquilidad.
Noches sin dormir

 

Su aterrizaje en Baiona no lo olvidará nunca. «Llegué un lunes, después de la victoria de Biarritz en 2002 en el campeonato francés. Empezamos preparando una campaña mediática, con el capitán de entonces, Vicente Fagoaga». Subieron al entonces Top 16, «el primer año estuvimos en Segunda División, el segundo subimos, volvimos a bajar y luego nos hemos ido asentando».

 

No se han quedado sólo en Iparralde. «Nos hemos abierto hasta el sur de Las Landas, hemos llegado hasta el oeste de Bearn, la región de Pirineos, Anglet y seguimos creciendo. Somos un club popular. El 60% de nuestros seguidores son de Baiona, Biarritz y Anglet».
Cuando llegó en 2002 se encontró un club muy distinto al actual. «Baiona había sido uno de los grandes clubes de Francia, pero había dudas con el rugby profesional. Unos eran partidarios, otros, no. Generaba dudas. Teníamos un presupuesto de un millón de euros y 150 personas en las gradas, con cincuenta empresas que se anunciaban. Seis años después contamos con un presupuesto de 9,5 millones de euros, 14.000 personas de media en el estadio Jean Dauger y 8.000 abonados, entre empresas y socios particulares».

 

No hace falta que lo explique. Las dos tribunas del campo están siempre llenas, «con las empresas patrocinadoras, los abonados. Tenemos un problema con el aforo. Nos harían falta entre 20.000 y 25.000 plazas». Ni con enchufes en Baiona se pueden conseguir entradas. Meten mucha gente de pie, y se abarrota el campo.
Los datos de Baiona, aunque Parneix es prudente, resultan llamativos. «Tenemos entre 450 y 600 empresas que nos apoyan de distintas formas, que colaboran con nosotros. Somos en ese apartado el club más grande de todo el sur de Francia después del Girondis de fútbol y el Toulouse de rugby».

 

En un momento de la conversación también nos confesó que «todo esto es muy bonito, pero también me he pasado yo y otras personas, noches sin dormir en determinados momentos».

 

Son el cuarto club de rugby de Francia en cuanto a número de abonados «después del USAP (Perpignan), Toulouse y Clermont-Ferrand. Estamos por delante del Stade Français y de Bourgoin, según los últimos datos oficiales. Hay que tener en cuenta que Toulouse y Stade Français juegan en estadios de fútbol y eso les permite contar con muchas más plazas».

 

En Baiona uno ha visto llover a mares y no moverse ni un alma de las zonas descubiertas, los aficionados que están de pie. Nunca dejan de animar. Tienen 1.600 más abonados que el Stade Français de París. Para una ciudad de 50.000 habitantes, más no se puede pedir. «Cuando jugamos contra el Biarritz hubo un estudio que hablaba de cerca de un movimiento de 40.000 personas, aunque en el campo sólo había 15.000 aficionados. Generó mucho trabajo».

 

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